La Principepa no tiene quien le escriba.

–– Comandante Pinoy! –– gritó la Principepa y el comandante apareció rápidamente.

–– Mande la más reina –– le dijo pero la Principepa pareció no oírlo.

–– Comandante Pinoy, dígame una cosa.
–– Una cosa –– le dijo el comandante. –– No!, no me diga una cosa tan literalmente.

–– ¿Se lo digo más abstracto? –– le respondió el comandante confundido.

–– Si, más abstracto me parece mejor – le dijo la reina aunque no tenia mucha idea de lo que eso significaba.

––Un elemento que puede o no ser tocado – le dijo el comandante.

––Entiendo, un elemento que puede o no ser tocado… — Reflexionó la reina — ¿Una guitarra?

–– No, una cosa.

 

–– ¿Qué cosa? –– Le preguntó la Principepa.

––Ninguna cosa.

–– ¿Cómo una cosa puede ser ninguna cosa? una cosa siempre es algo. Bueno basta! –– le dijo enojada la reina ––Quiero escribir una carta, tráigame al escribiente.

–– Al escribano dirá! – la corrigió el comandante.

––No, no lo llame en vano, llámelo para que me escriba una carta.

–– Pero su señoría, la creadora de los conejos y dama del reino, los escribanos no escriben.

–– ¿Ah no? ¿Y qué hacen entonces?

––Ahora que lo pregunta no tengo idea, pero creo que escribanan.

––No me importa –– le dijo la reina –– Usted vaya y me consigue alguien que me escriba una carta.

Así fue que el comandante Pinoy salió de la habitación real y con rumbo incierto comenzó a preguntar por el castillo quien podía escribirle una carta a la Principepa.

La Jirafa se negó porque no traía los anteojos, la tortuga dijo que si, pero que si estaba bien que la termine para el año que viene. Los topos dijeron que sabían escribir pero como eran ciegos no sabían donde habían dejado el papel y justo, justo cuando el comandante Pinoy estaba por resignarse vio cruzar al conejo Gabriel.

––Conejo Gabriel! –– lo llamó el Comandante y el conejo volvió inmediatamente sobre sus pasos.

––Mande comandante –– le dijo y se quedó impresionado de como casi le sale una rima.

 

––Conejo Gabriel, ¿Es verdad que usted sabe escribir cartas?

––Depende –– le dijo el conejo acomodandose las orejas.

––¿De qué depende?

–– Depende el tipo de cartas. Hay cartas mas largas que otras, yo no se escribir de las largas pero si de las otras.

–– Y las otras cuáles son? –– preguntó extrañado el comandante. ––Las que no son largas.
––¿Las cortas entonces?
–– No, no, cartas cortas tampoco hago.

––Terminelá –– le dijo el comandante y le pidió que lo siga hasta la habitación real.

Cuando entraron, el conejo Gabriel transpiraba por sus largas orejas, sabía que entrar a la habitación de la reina no era buen augurio. Es verdad que escribía cartas, pero ni las largas ni las cortas sino que de las otras y tenía miedo que la Principepa le pida una de las que no hacía porque todos sabemos como se pone la reina cuando las cosas no salen como ella las espera.

––Su reinosidad, le traigo al escribiente –– Dijo el comandante.

––Excelente, quiero una carta, ni larga, ni corta. De las otras –– dijo la Reina y el conejo respiró aliviado ante la mirada incrédula del comandante Pinoy. Por primera vez, alguien entendía lo que quería la reina.

––Haga exactamente lo que le digo, porque no me gustan las cartas insolentes. Ahora empiece, que es para mi amiga Beba.

 

“Querida Beba” –– comenzó a dictar la Principepa y el conejo inmediatamente, luego de escribir “Querida”, bebió un sorbo del vaso de agua que estaba sobre la mesa.

–– “La extraño coma” –– y el conejo escribió “La extraño” y luego comió rápidamente una galletita que había sobre la mesa.

–– “Aunque no tanto como usted a mi. Beba” –– y el conejo volvió a beber sin haber terminado la galleta.

–– “Coma nuevamente, ay mi estimada Beba” ––Y el conejo Gabriel sin haber terminado de tragar la galleta, ya estaba bebiendo de nuevo y cuando se quiso acordar, la Principepa volvía a decir que coma y se apuro a meterse otro bocado en la boca, ya de por si llena de agua y galletas. No pudo escribir más de tres párrafos cuando el conejo Gabriel rompió en llanto y dijo… ––No puedo más! escribir cartas es tan difícil! –– y se estiraba las orejas para abajo llorando.

La Principepa dudó un segundo y luego reflexionó —Es normal que pasen estas cosas, suelo ser muy poética cuando hablo. No hay conejo que no rompa en llanto. Está bien comandante Pinoy, déjelo nomás que vaya a descansar –– dijo y ambos salieron de la habitación.

—Es tan difícil conseguir quien me escriba— reflexiono la Principepa.

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